sábado, 31 de agosto de 2019

SIGUE NADANDO, SIGUE NADANDO, NADANDO, NADANDO…


Soy un signo de fuego que adora estar en el agua. No soy de playa, pero sí de mar -no creo que pudiese vivir en un lugar sin mar, sin el placer que supone pasear por la orilla y respirar su característico olor-, pese a que el mar me impone, mucho, y para nadar prefiero la piscina.

De entre los múltiples beneficios que la natación nos aporta me gustaría comentar los que personalmente me animan a recomendar este deporte. En este momento de mi vida el deporte es para mí un sinónimo de bienestar, sentirme bien y en equilibrio con mi mente, mi cuerpo y mi espíritu y por eso solo practico yoga, natación y largos paseos, porque es exactamente lo que me apetece. Como ya expliqué en un post anterior he pasado por diferentes disciplinas, pero la natación siempre ha estado presente entre mis rutinas, aunque no a diario que es lo que me gustaría y el objetivo que persigo.

Nadar mejora la flexibilidad, -aunque este ya es uno de mis fuertes- pero no tiene impacto en las articulaciones motivo por el que se recomienda en el tratamiento de enfermedades como la artritis -por ejemplo- y, precisamente por la ausencia de impacto es un deporte que puede practicarse durante toda la vida porque en el agua no hay -o se reducen- las limitaciones, por lo que es altamente recomendable para personas con problemas motrices. Así que cuando, quizás, con 90 años, cuando no puedas ni pasear, siempre podrás nadar. Los especialistas recomiendan la hidroterapia para curar los dolores musculares siendo la espalda una de las zonas más beneficiadas, nadando con cierta frecuencia se reducen o curan ciertos dolores de espalda. Nadar también tiene beneficios sobre nuestro sistema circulatorio porque se masajea cada órgano de nuestro cuerpo lo que activa la sangre y nos hace sentir mejor puesto que tonifica nuestras extremidades inferiores.

Como cualquier otro ejercicio físico, nadar libera endorfinas -sobre las que ya comentamos en el post anterior y concluimos que había que bailárselo todo- y puede revertir los efectos negativos generados por el estrés -el peor mal y germen de la mayoría de enfermedades de nuestro día a día- porque es una actividad relajante y al final del entrenamiento los músculos descansan produciéndonos una ligereza y bienestar que está directamente relacionado con el hecho comprobado de que las personas que nadan duermen mejor y tienen menos probabilidades de lidiar con problemas de sueño. Este es, sin duda, uno de los beneficios por los que nunca dejaré de nadar, porque mis demonios se quedan en el agua mientras me muevo por la piscina. Aprovecho para dejar mi mente en blanco y cuando los pensamientos negativos me atacan me centro en mi respiración y los aparto de una brazada mientras me digo: “sigue nadando, sigue nadando, nadando, nadando…”

Además de todo lo comentado está demostrado que nadar también retrasa el envejecimiento, mejora la memoria, ayuda a quemar calorías, favorece el buen funcionamiento del sistema cardiorrespiratorio, reduce el riesgo de padecer diabetes y colesterol, mejora los síntomas del asma y la inteligencia en los niños, pero yo he preferido comentar los que me llevan a mí a practicarla. ¿Cuáles son tus motivos?



@Soniagl_lifestyle





2 comentarios:

  1. La verdad es que es un deporte completísimo...tendré que replantearme volver al agua 🐠🐠😉😘

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  2. No lo dudees, poco a poco, metas alcanzables y pasos seguros

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