Soy
un signo de fuego que adora estar en el agua. No soy de playa, pero sí de mar -no creo que pudiese vivir en un lugar sin mar, sin
el placer que supone pasear por la orilla y respirar su característico olor-, pese a que el mar me impone, mucho, y para nadar
prefiero la piscina.
De
entre los múltiples beneficios que la natación nos aporta me gustaría comentar
los que personalmente me animan a recomendar este deporte. En este momento de
mi vida el deporte es para mí un sinónimo de bienestar, sentirme bien y en
equilibrio con mi mente, mi cuerpo y mi espíritu y por eso solo practico yoga,
natación y largos paseos, porque es exactamente lo que me apetece. Como ya
expliqué en un post anterior he pasado por diferentes disciplinas, pero la
natación siempre ha estado presente entre mis rutinas, aunque no a diario que
es lo que me gustaría y el objetivo que persigo.
Nadar
mejora la flexibilidad, -aunque este ya es uno de mis
fuertes- pero no tiene impacto en las articulaciones motivo por el que se recomienda en
el tratamiento de enfermedades como la artritis -por ejemplo- y,
precisamente por la ausencia de impacto es un deporte que puede practicarse durante
toda la vida porque en el agua no hay -o
se reducen- las limitaciones, por lo que es altamente recomendable para personas con
problemas motrices. Así que cuando, quizás, con 90 años, cuando no puedas ni
pasear, siempre podrás nadar. Los especialistas recomiendan la hidroterapia
para curar los dolores musculares siendo la espalda una de las zonas más
beneficiadas, nadando con cierta frecuencia se reducen o curan ciertos dolores
de espalda. Nadar también tiene beneficios sobre nuestro sistema circulatorio
porque se masajea cada órgano de nuestro cuerpo lo que activa la sangre y nos
hace sentir mejor puesto que tonifica nuestras extremidades inferiores.
Como
cualquier otro ejercicio físico, nadar libera endorfinas -sobre las que
ya comentamos en el post anterior y concluimos que había que bailárselo todo- y puede
revertir los efectos negativos generados por el estrés -el peor mal y
germen de la mayoría de enfermedades de nuestro día a día- porque es
una actividad relajante y al final del entrenamiento los músculos descansan
produciéndonos una ligereza y bienestar que está directamente relacionado con
el hecho comprobado de que las personas que nadan duermen mejor y tienen menos
probabilidades de lidiar con problemas de sueño. Este es, sin duda, uno de los
beneficios por los que nunca dejaré de nadar, porque mis demonios se quedan en
el agua mientras me muevo por la piscina. Aprovecho para dejar mi mente en
blanco y cuando los pensamientos negativos me atacan me centro en mi
respiración y los aparto de una brazada mientras me digo: “sigue nadando, sigue
nadando, nadando, nadando…”
Además de todo lo comentado está
demostrado que nadar también retrasa el envejecimiento, mejora la memoria,
ayuda a quemar calorías, favorece el buen funcionamiento del sistema
cardiorrespiratorio, reduce el riesgo de padecer diabetes y colesterol, mejora
los síntomas del asma y la inteligencia en los niños, pero yo he preferido
comentar los que me llevan a mí a practicarla. ¿Cuáles son tus motivos?
@Soniagl_lifestyle
La verdad es que es un deporte completísimo...tendré que replantearme volver al agua 🐠🐠😉😘
ResponderEliminarNo lo dudees, poco a poco, metas alcanzables y pasos seguros
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